4 de junio de 2014

Bienal de Venecia y Museo de Arqueología: arquitectos y gremio en una confusión de medios y fines

Por José Beingolea Del Carpio
Ya tuvimos ocasión de subrayar la importancia de la presencia peruana en la Bienal de Venecia. Concluíamos que lo valioso era usarla como medio para desarrollar la arquitectura peruana como institución, no como plataforma de personas o de espacios de privilegio. En este discurso parece que hay convergencia  con la visión y el compromiso de quienes decidieron impulsar esta idea (El Comercio, 25/5/2014, C10) estableciendo una conexión al más alto nivel para hacerla realidad.

Ahora bien ¿cuál es la relación entre este episodio y el otro, el del Concurso de ideas para el Museo de Arqueología? A partir del artículo periodístico ya señalado, parece que la relación fuese lineal. Es decir, esa conexión al más alto nivel ha llevado a que dos de los arquitectos impulsores del espacio peruano en la Bienal de Venecia aparezcan en la foto, junto al Decano CAP Nacional, avalando una convocatoria que revela la subestimación al Concurso como procedimiento democrático  y promotor de la calidad arquitectónica, al proyecto arquitectónico, a los arquitectos y a su gremio.

¿Cómo entender esta esquizofrenia cultural en los promotores de la presencia peruana en Venecia? Corresponder a un pedido político por el logro de esa meta cultural,  significa aceptar que aquél fue producto de una concesión y no de un proyecto. Especular sobre otros intereses menos ideales no vale la pena porque sólo enturbiarían la polémica que es necesario desarrollar.
¿Cómo procesar la esquizofrenia  gremial del Decano Nacional? Eso debe explicarlo él mismo, es una exigencia.
Preocupa igualmente la postura de la Ministra. Aclarar que la decisión para convocar a un Concurso no tiene que ver con la opinión colectiva  promovida por Frederick Cooper, ofende la inteligencia de todos, pero además revela que las cuestiones de Estado se manejan con el humor del círculo de amigos o del Club social.
Pero volvamos a Venecia y al Museo. ¿Qué relación hay entre el discurso de los promotores de la presencia peruana en la Bienal de Venecia y los hechos? Ellos  y sus acciones tendrán la palabra. Para eso apelo a la conclusión inicial, el espacio peruano en Venecia debería ser un medio para desarrollar la arquitectura peruana como institución, no como plataforma para personas o espacios de privilegio.   
Sobre el tema del Museo, parece ser que las falencias son reiterativas. No es el Museo lo que interesa a la sociedad política, sino la marca, el símbolo, el efecto: la asociación entre el “líder” y el edificio. Es decir énfasis en la forma, no en el contenido. Apariencias, no esencias. Propaganda sí,  Programa cultural no. Por eso mismo, poco interesa la apertura, el debate, en su lugar interesa la inauguración rápida a paso forzado, la placa recordatoria y la foto, abreviando todo.
Antes de un nuevo concurso,  hay que recordar que ya existe un proyecto de Museo (Arquitectos Julio Gianella y Enrique Alegre), un terreno y hasta obras preliminares iniciadas en el segundo gobierno de Belaúnde. ¿Quién ha liquidado ese proyecto? ¿Por qué razones? ¿Quién y con qué criterios ha elegido la nueva ubicación? ¿Cuáles son los sobre costos y riesgos de dicha ubicación (humedad, tsunami…)? Recordemos además el Museo de la Nación promovido por la desbordante megalomanía de Alan García reciclando el Ministerio de Pesquería. Proyecto auto devaluado desde su origen. 
El reclamo de los arquitectos jóvenes cuestionando enfáticamente sólo su exclusión en el concurso, podría ser interpretado como superficialidad yuppie. Lo cierto es que frente a él, la Ministra no podría ampararse en el argumento de las garantías económicas que exige el monto de honorarios que comprometería el Museo porque simplemente… ¡no hay honorarios!
En fin  ¿es que no somos suficientemente capaces los peruanos, como sociedad política  y sociedad civil, de honrar con ecuanimidad y lucidez nuestro pasado y de iluminar sin interferencias ni intermitencias nuestro presente y futuro?
En lo que nos concierne como arquitectos creo que no debemos participar en un concurso y en un proyecto cuyo significado, trascendencia y envergadura reclaman, a todos, una gestión y conducción mucho más rigurosa y responsable. 

www.arqandina.com

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