24 de junio de 2014

Hay cosas que si uno no las hace, se muere.


Entrevista a Javier Vera Cubas
Por Israel Romero Alamo


Si trazamos una línea histórica acerca de la discusión de la arquitectura en el Perú, podríamos ubicar a CITIO, con Javier Vera a la cabeza, dentro del mismo camino que alguna vez emprendieron la Agrupación Espacio, con Adolfo Córdova, o Los Bestias, con Elio Martuccelli. Grupos molestos e incendiarios que hacían lo que tenían que hacer y decían lo que tenían que decir. Aquí una conversación con Javier a propósito del último rubro en donde ha metido su espíritu inconforme: el mundo real… el Estado y el espacio público.
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La Ensenada, Puente Piedra

I.R: Háblame de este nuevo proyecto en el que estás incursionando.

J.V: Lo que estamos haciendo se llama Servicio de Recuperación de Espacios Públicos (REP) del Programa Barrio Mío, como parte de la Municipalidad de Lima Metropolitana.

Yo soy el responsable. En la coordinación de proyectos están Álvaro Rodríguez y Carlos Ramos. Como asistentes de arquitectura y promotores urbanos están Nicolás Palacín, Mariel Valdivia, Manuel Burga y Marko Mendoza. Los practicantes de arquitectura son Leonardo Vásquez y Alfonso Huamaní. Y como coordinadora social está Andrea Venini.

I.R: Se ve, además, un grupo muy numeroso que tengo entendido son voluntarios.

J.V: Sí, son voluntarios. Los contactamos por Facebook, ubicando a gente conocida de la universidad y antiguos colaboradores de CITIO. SOY LIMA —quien maneja todos los voluntariados de la Municipalidad— colabora con las convocatorias, pero en el caso de lo que hacemos en este programa, tratamos de contactarlos directamente.

I.R: ¿Cómo es el trabajo?

J.V: Hacemos dos proyectos en paralelo, en dos zonas de Lima. Cada uno consiste en un sistema urbano integral y un proyecto palanca o proyecto semilla. El último es el que se elige para desarrollar y construir por ser el más potencial, y el primero consiste en dejar planteado y aprobado todo el sistema con varios proyectos esbozados para que a futuro se autogestionen.

I.R: ¿Cómo los ejecutan? Por lo visto en las fotos, todos se meten a hacer de todo.

J.V: Hacemos talleres de capacitación, diagnóstico, análisis, propuesta, diseño, etcétera. De ahí vamos sacando todo el proyecto. El proyecto se arma participativamente, por consenso. Jamás por votación. Llegamos al punto en donde todos quedan contentos. Gracias a eso se da la autogestión, porque tanto los vecinos, como nosotros, y la Municipalidad, conseguimos los materiales y los medios. La mano de obra se consigue de la misma manera: los vecinos organizados más nosotros con los voluntarios. El equipo REP dirige la obra pero también metemos mano. Hay que dar el ejemplo. También hay varios maestros de obra en los barrios, así que ellos nos ayudan a dirigir los equipos. Organizamos cada jornada de trabajo para los domingos, retomamos la tradición de las faenas comunales.

I.R: Es un trabajo al que uno, como arquitecto, generalmente no está acostumbrado. ¿Por qué hacerlo?

J.V: Este servicio tiene cero soles de inversión directa de la Municipalidad. Pero nosotros lo hacemos porque tenemos que demostrar que somos capaces de hacer ciudad sin plata. Es decir, la Municipalidad no sólo debe administrar los fondos económicos, también tiene que orquestar el bien común.

Es lo que hacemos, juntamos a todas las instancias: la Municipalidad, los vecinos y sus organizaciones, sumamos a la Universidad, algunas instituciones de la sociedad civil y las empresas, y entre todos recuperamos el espacio público. Es una forma de construir ciudadanía.

Considero que si regalas obras, ganas votantes, pero si haces pensar y trabajar a la gente, construyes ciudadanos. Dejas armada una red autogestionaria que puede ser detonante en el futuro; y la gente cree, recupera la confianza porque ve que nosotros trabajamos igual que ellos, que técnicos y vecinos somos iguales.

No hay una placa, pero si hubiera una pondríamos: “Hecho por todos. Monto de inversión directa de la MML: S/. 0.00”. Creemos que esa placa se vería hermosa.

I.R: ¿Y por qué crees tú que los voluntarios lo hacen? Me refiero a que quizás ‘más provechoso’ es, para la mayoría, aprender en una Oficina de Arquitectura convencional. Ya sabes.

J.V: Lo hacen porque están sedientos de realidad. Están hartos de todo lo que ya sabemos. Creo que es algo generacional. Ya hay mucha gente que se mete en estas cosas. Algo interesante es que los voluntarios no son solo de arquitectura. Hay de todo. Entre ellos también se da un intercambio interesante y lo ven como un aprendizaje, no de métodos constructivos, porque no somos expertos en eso, pero sí de relaciones humanas. Siempre les contamos todo con sinceridad. Ahí se enteran de los problemas de la gestión de un proyecto, de los enfrentamientos, etcétera. Discutimos con los vecinos, luego almorzamos todos juntos, en fin, muchas cosas. En alguna oportunidad hemos desarmado el trabajo de un día entero y les hemos explicado el porqué. No son mano de obra gratuita, son semillas que replicarán el trabajo en el futuro.

I.R: Es un trabajo inusual que quizás dure poco ¿Cómo ves el futuro de lo que están haciendo?

J.V: De repente mañana no hay trabajo. Pero lo que queremos es que más adelante pueda funcionar, sea con la Municipalidad, como oficina de urbanismo, o lo que fuera. La política es una mierda, sin embargo, sí me parece importante que se haga desde la Municipalidad. Es importante que sea el Estado el que cumpla con su función de orquestar el bien común. Yo veo que si la Municipalidad mantiene esto, el programa podría crecer. Mi ilusión es invitar a varias oficinas de arquitectos jóvenes a que cada una dirija un proceso para que de acá a unos años, y entre puros jóvenes, recuperemos muchos espacios públicos de la ciudad y construyamos una cultura de lo público que ahora no hay.


Santa Clara, Ate
Horacio Zevallos, Ate
La Ensenada, Puente Piedra

La Ensenada, Puente Piedra

I.R: Más allá de lo obvio ¿Qué crees que están aprendiendo de esto?

J.V: Esto es sobre todo inter-aprendizaje. La gente aprende desaprendiendo algunas cosas igual que nosotros que estamos llenos de parámetros y formalismos inútiles. Pero también quisiera que haya cursos. Lo que hacemos nosotros en dos meses, se podría hacer en un ciclo viendo el proceso completo con obra y todo. Yo creo firmemente que es una buena forma de acercar la academia a la calle, que es el principal problema de los arquitectos, no tienen calle.

I.R: Recuerdo haberte visto y oído por primera vez hace ya varios años en un CONEA ¿Cuál es el hilo conductor entre tu labor en el Centro de Estudiante (CEA), CITIO y la Municipalidad?

J.V: Para mí es lo mismo, es romper los muros y salir. El CEA era salir del salón. CITIO era salir a la calle. Esto es salir de la mera arquitectura y mirar cómo es el Estado. Es exactamente lo mismo pero solo cambia de escala. Son las tres cosas que no me han permitido acabar la carrera (ríe).

Pero esto no es solo mío, Carlos (Ramos) y Álvaro (Rodríguez), mis amigos de Vórtice que ahora dirigen los proyectos, han tenido su propio camino porque de una u otra forma también están hartos. Sin embargo ellos tienen una oficina muy profesional, lo cual es muy bueno porque el riesgo que se corre cuando se hacen estas cosas es que mucha gente deja de ser arquitecto, o sea, que hagas procesos sociales no quiere decir que vas a dejar de diseñar y construir bien. Ese es el primer riesgo que hay que superar.

Ese es el aporte vital de ellos. Por eso, aparte, yo mantengo mi otro trabajo donde diseño y construyo, para no perder esa práctica.

Por otro lado, la gente que estaba en el CEA y en CITIO ha seguido su propio camino. Lisset (Escudero), por ejemplo, está de lleno en la Municipalidad y fue quien empezó a organizar todo esto. Y el resto de chicos, ni qué decir, tienen muy claro lo que quieren. Para todos es un trabajo gratificante, trabajamos contentos, aunque siempre hayan algunos problemas.

I.R: ¿Ha cambiado en algo tu manera de ver la arquitectura peruana desde tu época en el CEA, luego en CITIO y ahora en la Municipalidad?

J.V: No creo en la categoría “arquitectura peruana”. Pienso en “arquitectura que se hace en Perú” y “arquitectura que hacen los peruanos”. Luego de esa diferencia, pienso que hay dos vertientes: la de los arquitectos y la de los no arquitectos. Yo trato de estar en medio o de hacer un puente.

Creo que a nivel académico no ha habido mayores cambios, salvo una cosa que es la proliferación de universidades, lo cual me parece gravísimo porque ya sabemos que es puro negocio. En muchos de los casos lo que se enseña es dibujo y construcción, no arquitectura. Se está formando la gente que se necesita para trabajar en la situación actual, que es el boom inmobiliario, y dado que esa situación es —por donde se le mire— pésima para la arquitectura, es una tontería que se forme a la gente que se necesita para eso.

Las facultades deberían formar la gente que no se necesita, porque si eres necesario vas a hacer lo mismo, que está mal. Si no eres necesario, harás algo distinto. Tendrás que inventarte.

Por otro lado, si bien no hay muchos cambios al interior de las universidades, porque la formación es la misma salvo algunas excepciones (he visto cursos interesantes en la Católica y he colaborado con algunos de ellos como los de Lucho Rodríguez y Manuel Flores), el cambio que veo es por afuera.

Los seminarios, las conferencias y lo que se recibe fuera está cambiando, en mis tiempos era un arquitecto viejo contando su obra. Eso está cambiando, hay otros temas. Recién se habla de espacio público, por ejemplo. Antes en el Perú sólo se hablaba de arquitectura, ahora se habla mucho de urbanismo y ciudad.

I.R: ¿Puede que estemos hablando de una nueva generación?

J.V: Creo que sí. La generación joven no se come mucho el cuento que les cuentan dentro de las aulas y por eso busca este tipo de ‘otra educación’ fuera. Es un espacio estratégico de acción, los seminarios externos suelen estar llenos, los salones no tanto.

Eso es significativo si hablamos de un cambio generacional. Cuando uno usa espacios alternativos hay respuesta. Cuando uno se muestra crítico en una conferencia, contagia a los mayores y a los jóvenes. Existe ese viraje, un interés por acercarse a la realidad social, pero todo desde fuera de las aulas. Ahora hay mucha gente joven que trabaja en la Municipalidad. En la Municipalidad de Lima tenemos montones de arquitectos jóvenes y practicantes muy interesados.

Pero para cambiar las cosas hay que hacerlo desde dentro de la Universidad. Hay que meterse a enseñar y pelear un poco. Cuando yo iniciaba en el CEA o con CITIO, la mayoría me decía que estaba loco, que estaba perdiendo el tiempo. Ahora es distinto, creo que está cambiando la forma en que la gente percibe las cosas. Hacer algo diferente ha pasado de ser una cosa sin sentido a ser una opción interesante.

I.R: Me sigue intrigando por qué, luego de tantos años, te sigues dedicando a cosas difíciles y muchas veces ingratas, sin el ‘beneficio’ al que se suele estar acostumbrado.

J.V: Con el trabajo que hago tengo dinero para lo que necesito y quiero. No necesito un auto. Ahora no necesito más, por eso me puedo permitir algunas cosas. Pero es verdad que sí hago varias cosas gratis, y siento que ambas me benefician de distintas maneras. El trabajo que tengo ahora en la Municipalidad es gracias a que antes he trabajado gratis por años, aprendiendo a hacerlo. Mi educación en la UNI ha sido bastante incompleta porque por diversas razones la he abandonado muchas veces, así que cuando hago algo gratis para mí es como estar pagando por la  educación que no tuve o no pude completar, como pagar por educarme a mi manera.

Creo que yo funciono bien en la incomodidad porque me obliga a moverme, a hacer algo, a decir algo. Mucha gente hace cosas para sentirse vivo, no para ganar dinero. No sé qué más beneficio que seguir tu ritmo vital. Hay cosas que si uno no las hace, se muere.


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