21 de diciembre de 2013

Domingo de votación con 30ºC




Ayer fui a pagar los S/.375.00 nuevos soles que le debo al Colegio de Arquitectos por no haber pagado no recuerdo cuántos meses. No iba a pagar, pero mañana son las elecciones para elegir nuevos Decanos y, si no pago, no puedo votar. No es que esté muy interesado en votar, sucede que, si no pago y no voto, recibiré una multa y luego, a pesar de pagar la multa y los meses que debo, de castigo seguiré inhabilitado por algunos meses. Algo así le entendí a la secretaria. Y bueno, uno nunca sabe cuándo pueda necesitar estar habilitado.

Las secretarias y los vigilantes de los CAPs de todo el país han de ser los más emocionados con las elecciones; debe ser porque es una de esas veces en las que ven más gente. Sólo han de ir contentos los aspirantes a algún cargo. Luego de ello, supongo que cerca de diez mil arquitectos irán -a regañadientes y maldiciendo al sol- para votar por alguien que quizás no conocen y que tampoco les interesa conocer y votarán porque en fin, porque hay que votar. Los otros cinco mil sí serán seres libres. Se quedarán en sus casas o se irán a la playa o irán a hacer compras navideñas pero no se acercarán al CAP. De los quince mil, creo que a catorce mil arquitectos les da igual lo que suceda, pero igual irán a votar por temor a las represalias.

En la elección del Decano Nacional hay solamente una lista por la que hay que votar, es decir, o votas por esa o por nada.  No ganará el mejor, ganará el que hay. Había seis o siete listas pero ahora sólo hay una. Creo que si hay sólo una, deberían evitarnos el gasto de ir a votar y que gane el que hay. O de lo contrario -cosa que sería más decente y menos escandalosa- habría que esperar que haya una lista más. Que haya quedado sólo una y que sea la que probablemente gane no da ningún indicio de cosa buena. Huele a podrido. Por el bien de la humanidad, ojalá gane el voto en blanco. Aunque pareciera que a la humanidad le da igual.

Ignoro la utilidad efectiva del CAP. Siento que no es ni una bienintencionada ONG, ni un club social, ni un sindicato. En el fondo varios pensamos que es un grupo de cinco o seis personas, un par de secretarias, un vigilante y unos cuantos trabajadores más que están ahí de lunes a sábado pegando noticias en el periódico mural, vendiendo revistas, recibiendo los pagos mensuales de los arquitectos y dándoles hojas que les dan permiso para trabajar.

Por todo eso, es posible que la nueva elección de Decanos no sea trascendental. Y por ello es que las elecciones sólo puede importarles a los aspirantes a algún cargo porque en unos cuantos años les será más fácil conseguir otros puestos como Decanos Nacionales, Decanos de alguna Facultad de Arquitectura o como Ministros. Creo que un alto cargo en el CAP sirve sólo como un trampolín a un poder mayor.

Estar en el CAP es desarrollar una actividad puramente político-administrativa que tampoco es del todo clara. Es decir, el CAP nos cobra mensualmente para estar habilitados y luego –a pesar de ya estar habilitados- nos cobra por el papel que dice que estamos habilitados. De ahí manda a las municipalidades comisiones de arquitectos a revisar proyectos de otros arquitectos (que previamente han sido habilitados por el mismo Colegio) para que digan si están bien o no. Si el proyecto está bien, todo Ok. Si está mal, el arquitecto que no hizo bien su trabajo puede enmendar sus errores o, si tiene suerte, puede ir al Colegio de Arquitectos para que lo defienda frente a la comisión que el CAP previamente envió. Según sea el caso, el Colegio de Arquitectos envía su manto protector desautorizando a la comisión (y demás comisiones) y avalando al indefenso arquitecto que lo único que quiere es trabajar en paz. Esa es la vida útil del CAP. Después llenan su calendario con reuniones de confraternidad y cocktails, reconocimientos a otros arquitectos, conferencias y cursos mensuales de Autocad. De vez en cuando manda cartas a la opinión pública cuando no está de acuerdo con algo para que algún Alcalde o el mismo Presidente de la República diga: ya, ¿y? 

Y es que pareciera que el CAP importa en el Perú lo que importa una rodaja de limón en un cuba libre. Puro protocolo. Casi casi importa sólo porque somos arquitectos y porque debemos tener un colegio profesional como el resto de profesionales. Es decir, tiene una justificación casi existencial.

A los jóvenes no les interesa porque aún están buscándole un sentido a su vida profesional, y a los viejos arquitectos tampoco porque ya lo encontraron. Ninguno quiere perder el tiempo en cuestiones políticas. Por ello es que a los grandes arquitectos -los de las grandes obras y grandes proyectos- les interesa absolutamente nada lo que suceda con el CAP. Ni se preocupan, ni se inmolan, ni les afecta, ni nada. Los grandes arquitectos pagan su cuota antes de inscribirse a una Bienal -porque la Bienal Nacional es lo único que les interesa del CAP- y luego, durante los próximos 24 meses, no se aparecen jamás.

Sin embargo, el hecho de que el CAP no haga nada relevante por y para los arquitectos no es razón suficiente para hacerse los desentendidos y pagar en casos extremos y casi obligados como éste. Pues luego, cuando un arquitecto ve alguna cosa mala o irregular, ahí está presto a los lloriqueos:

-          ¡Qué terrible! ¡¿Por qué el Colegio de Arquitectos no hizo nada?! ¡No defienden nuestros intereses!
-          ¡Ay! ¡El Colegio de Arquitectos no hace nada por los Concursos de Arquitectura!

El Decano debería decirle: hazlo tú pues, hombre. Gestiónalos tú. Ponte los pantalones y hazlo tú. Anímate. Si no, ni te gastes quejándote y sigue con tus proyectos y obras privadas y cuando haya el gran concurso que esperas, abalánzate como puedas, como niño en piñata y como buitre en carroña, y compite frente a todos, que otra oportunidad así no habrá.

Pero eso no pasará. El Decano del CAP tiene que guardar las formas. Él no tendría las agallas para poner en su sitio a los arquitectos, está centrado en sus cosas protocolares haciéndola de administrador y quizás las cosas importantes tampoco le interese. Vamos, de repente esa tampoco es la finalidad del Colegio. Y si a esto le agregamos que el Decano, como persona, tampoco suele resultar influyente para los arquitectos, tenemos una falta de representación crónica.

Quizás alguien de los que buenamente representaron al Perú en la Bienal de Venecia del año pasado debería representarnos frente al país y ser Decano del Colegio de Arquitectos del Perú.

“Juvenal Baracco (o cualquiera de ellos), insigne miembro de la orden, ha tenido el honor de ser elegido Decano Nacional del Colegio de Arquitectos del Perú”.

Suena bien.

Pero creo que eso tampoco pasará. Hay arquitectos que nacen para crear. Hay arquitectos que nacen para diseñar sillas, hay arquitectos que nacen para trabajar para otros arquitectos, hay otros que nacen para hacer trámites y hay quienes nacen para postular al Colegio de Arquitectos. En la mayoría de casos, sus capacidades responden sólo a algunas cosas; son limitados. Y frente a eso, nada podemos hacer, pues cada quién elige lo que quiere hacer según sus limitaciones. Y, como nada podemos hacer, las cosas desagradables y malas no cambiarán.

Mientras los arquitectos sigan pensando como individuo, todo seguirá igual y seguiremos yendo a elegir a autoridades para evitar multas. Pero bueno, tampoco está del todo mal ser individuos aislados porque así el arquitecto se taladra y zambulle en su arquitectura y hace una buena obra, muy completa y muy todo; aunque eso signifique que su labor sea irrelevante para la sociedad. Y bajo ese pensamiento se siguen creando arquitectos que son muy buenos proyectistas, pero nada más. Vacíos. Expertos en sus cápsulas. Buenos del lote para adentro y hablando de minucias. Arquitectos que piensan sólo en el objeto -como elemento supremo y autónomo- pero que resultan completamente intrascendentes para la población y el país.

Aunque, si nos ponemos estrictos, eso tampoco está mal, al fin y al cabo esa es la verdadera finalidad del arquitecto: hacer buena arquitectura. Meterse en cosas más allá de la arquitectura significa perder oxígeno, no saber qué hacer.

Por eso el arquitecto y la arquitectura seguirán sin ser determinantes en nuestro país. Por eso el arquitecto-proyectista seguirá siendo insignificante, pues no se involucra en cosas realmente importantes. Por eso, estimados, no pidan grandes concursos como los de antes porque no habrá, y los proyectos y obras (y elecciones en el CAP) seguirán siendo lamentables y poco transparentes. Y, como respuesta del destino frente a tu indiferencia y la mía, es lo mejor.

Por Israel Romero Alamo

1 comentario:

Arturo Fernando Gutiérrez Rojas dijo...

Que deprimente el artículo, nada de propuestas, puras quejas.