26 de febrero de 2014

Arkinka, el pulpo y las cariátides


Desde hace algunos meses Arkinka ha decidido cambiar. Ciertamente lo ha hecho.

El giro más importante que ha dado Arkinka, la revista de arquitectura de más longeva existencia del Perú – esto último según palabras de su director-, es que ahora se encuentra disponible en la web. Es posible ver lo que tiene antes de comprarla.

Otro cambio importante que ha efectuado es que ha publicado algunas investigaciones y/o aportes teóricos interesantes, como el de Jitka Molnarova en la edición 215, el de Alexander Wiegering en la 216, el de Elisabet Olivares en la 217 o el de Sharif Kahatt y Marta Morelli en la 218. Y a pesar de que en la edición 219 –la última hasta la fecha- se haya obviado esta sección, no deja de ser un aporte importante que ojalá y regrese en la 220 y en las que siguen. Sin embargo, la edición 219 no sólo ha olvidado la sección anterior titulada Teórico, sino también la de entrevistas a cargo de Luis Rodríguez Rivero. Ha desaparecido en la 219 y también en la 218 por razones desconocidas, pero se espera -por el bien del público consumidor- que próximamente regrese.

¿Con qué se ha llenado entonces la edición 219 y el espacio de la 218? Bueno, en el caso de las anteriores a estas, los temas se prestaban para el debate: vivienda colectiva y concursos. Sin embargo, la obviedad quizás pasa porque en las dos últimas los temas parecen no ser tan discutibles, pues son los siempre repelidos centros comerciales y las siempre oportunas casas de playa.

Quizás el Comité Editorial de Arkinka coincide en ello; sobre todo en el caso de la última edición, la de casas de playa, pues aparentemente no hay mucho aporte teórico que dar. Es decir, ¿qué podría decirse en el aspecto teórico acerca de las casas de playa? o acerca de qué –y a quién- podría entrevistarse. El tema, a pesar de ser bastante light, ha demostrado ser un tema dominado por los arquitectos peruanos como para cuestionarlo o darle vueltas. El caballito de batalla de la arquitectura en el Perú. Tan importante como la comida peruana.

Es probable que algo inversamente proporcional suceda en el caso de los centros comerciales: no hay mucho para decir. El crecimiento económico va de la mano de la mala calidad de este tipo de obras. Casi siempre son los mismos productos egoístas. Eso todos lo saben y la mayoría de arquitectos "responsables" se oponen a ello.

Por ello es que, en el editorial 218, Frederick Cooper se enfrenta con vehemencia y completa justificación a la improvisación e irregularidad por la impotencia que le suscita no poder hacer nada frente al mercado que gesta los centros comerciales que todos conocemos y vivimos y que están lejanos a la buena arquitectura. Pero eso no es lo importante de la edición 218. Lo curioso del tema es que todo el discurso del director se esfuma demasiado pronto, pues páginas adelante expone acríticamente e independientemente de la calidad arquitectónica que ostentan –como él lo dice- lo que en ese mismo y notable editorial critica.

En los cinco centros comerciales que se exponen en el número, sólo se muestran planos, buenas fotografías y 20 gramos de prefabricada memoria descriptiva. La crítica del Decano de la FAU-PUCP se queda sólo como un contundente saludo a la bandera. Ni el director ni el editor son capaces de emitir una crítica saludable y directa de lo que presentan in situ, en el fondo del asunto, cuando ya aparecen nombres y apellidos, empresas y demás, y sólo se limitan al casi populista discurso de bienvenida. Una posición que resulta más o menos aceptable si ser crítica no es el objetivo de la revista.


La posición crítica no es una obligación. Sin embargo la desintegración editorial es lo que resulta ser un poco raro de ver en una revista seria (claro, si esa no es una intención adrede). Y esto se hace más claro si seguimos leyendo los editoriales de esta nueva etapa. En el editorial 219 se habla por ejemplo del Estado, de la ciudad de Lima, del transporte público, de política. Y por otro lado también se habla de medios, de populismo y de demagogia…  con el mismo espíritu crítico de la edición 217 y 216 pues se dice casi lo mismo: que, así como vamos, el futuro será trágico y desolador. Es irrefutable. Nadie podría decir lo contrario. Todo correcto y dentro de lo que se espera que un arquitecto -Decano de Facultad, y conciente de su importante papel en la sociedad- diga. Pues no podría ser de otra forma.

De la misma manera podremos ver que en el editorial de la presentación del gran cambio, el 215, Cooper se siente complacido por la inclusión de un Comité Editorial integrado por algunos de los más destacados arquitectos peruanosPalabras del director. Todo estaría bien si la ostentosa inclusión demostrara no ser completamente incapaz de defender la integridad del renovado contenido de la revista o, peor aún, su posición y libertad crítica personal, dejando que la crítica quede en el saludo de bienvenida. Y esto es más escalofriantemente escandaloso cuando se constata que dicho Comité Editorial no está compuesto por tres o cinco renombrados personajes -como la mayoría de revistas del mundo-, no. Sino por treinta arquitectos. ¡Treinta!

¿Cómo funciona un Comité Editorial de treinta personas? ¿Entran todos en una misma mesa? De repente en una piscina. Entre ellas, definitivamente, algunos de los más destacados arquitectos peruanos, como bien se indica en la hoja de créditos. Desde José García Bryce y Adolfo Córdova pasando por Oscar Borasino, Jean Pierre Crousse y un largo etcétera. ¿Es posible que de treinta personas ni siquiera la mitad tenga una posición crítica como para ser expuesta?

¿O el ser miembro del Comité Editorial de Arkinka es sólo un título honorífico?

Este hecho, si no demuestra la inoperatividad o fantasmal presencia de algunos de los más destacados arquitectos peruanos, evidencia la prostitución del término, pues -al parecer- se genera esta inclusión únicamente para ostentar de ella. Sólo por el hecho de incluirlos. Son como cariátides. Un prestigioso y gratuito plus de ida y vuelta. Menudo favor tratándose de Arkinka, hoy por hoy la más longeva y reconocida revista de arquitectura del Perú.

O será que detrás de esta estratégica inclusión existe el (válido) deseo de posicionarse como único medio escrito capaz de contener entre sus filas a un olimpo de arquitectos que “respalden” la posición de la revista y hacerla así más fiable. Puede ser. Sobre todo si complementando ello existe el gran despliegue por todo el territorio nacional de emisarios universitarios que convierten a Arkinka –por su llegada al público objetivo más amplio: los estudiantes- en un buen pulpo. Tiene entre sus filas a algunos de los más destacados arquitectos peruanos. ¿Por qué no consumirla?

De hecho esa estrategia está perfecta. Es lo que cualquiera haría. Sin embargo, el autodenominarse la más longeva y ser la más tentacular y la más importante del Perú no debería ser pura petulancia, sino que, en su privilegiada posición, debería ser representante de lo que es el Perú, pues esto -aunque no sea su obligación- podría llevar a que su longevidad e importancia sean justificadas y no una victoria por walkover.

Por ejemplo, Arkinka realizó vía Facebook una convocatoria para la publicación de casas de playa en la edición 219. Sin embargo el resultado de dicha convocatoria/selección fue el que podía esperarse que se publicara en una revista como esta. Las mismas casas de playa de siempre. Los mismos arquitectos de siempre. Obras capaces de soportar el estándar de calidad exigido. Estándar al que muy pocos podrían aproximarse; pocos que deberían conocer cómo se manejan las cosas en este tipo de publicaciones y no perder el tiempo en algo que ya está cantado. Un elitismo profesional que no hace falta explicar.

De la misma manera, su descentralización comercial no es participativa y plural, casi siempre queda sólo en suscripciones y el contenido es prácticamente monopolizado por la FAU-PUCP –aunque el Decano esté en su completo derecho – pues, salvo excepciones, gran parte de su Comité Editorial y colaboradores son docentes o egresados católicos. Y aunque la calidad indudablemente esté garantizada, un poco de permeabilidad y una inclusión que no sea sólo la de una élite (¿?), no vendría mal.

Desde nuestro papel de lector, entendemos que la más internacional revista de arquitectura del Perú debería al menos emular a las más importantes revistas latinoamericanas como Arquine o Escala y así dar una imagen más o menos coherente de lo que sucede al interior. Y por eso, bajo esa perspectiva, nos atrevemos a recomendarle al director algunas cosas:

Primero.- Que desincluya a los incluidos en su rimbombante Comité Editorial porque como editores de revista se mueren de hambre. A todos menos a José García Bryce, pues por su trayectoria, es el único capaz de merecer todos los títulos honoríficos posibles.

Segundo.- Que desmonopolice el monopolio catolicense. O sea, Crousse, Kahatt y Morelli son excelentes. Ya. Pero seguro también hay algo interesante más allá de las cuatro paredes. Nos parece que la FAU –PUCP ya tiene su propia revista.

Tercero.- Que debería nutrirse con un poco de realidad nacional, de arquitectura nacional. Llevar a la práctica algo del típico canturreo peruano de hoy acerca de la pluri, trans y multiculturalidad. El despliegue que al estilo de las cruzadas se desarrolla a nivel nacional, no sólo debería darse para llevar la buena nueva, sino también para alimentar sus páginas y hacerle compañía al infaltable catálogo de obras perfectas, caños, mayólicas y waters.

Cuarto.- Que converse con su editor. Porque está clarísimo que sólo le chanca el editorial.

De lo mencionado, creemos lo último lo más importante. Porque si bien todos los editoriales son así, muy floridos y reflexivos, debería al menos existir una correspondencia o integridad conceptual (si no es en el tema, al menos en el fondo) entre lo que dice el editorialista y lo que se publica luego. Pues esto último, hasta hoy, parece inclinarse por una posición alegre, sobona y amical con sus publicados (y los dueños de los caños), mientras que la posición del director, sumando editoriales, podría ser una interesante colección de manifiestos progres.

Ergo, no nos hacemos muchas ilusiones. Porque para efectos de meterse dentro de la libertad de empresa de los demás, todo esto resulta de pésimo gusto. Cada quién maneja su empresa como quiere. Por ello, más allá de los cambios realizados, únicamente esperaremos en el tiempo una verdadera apertura y consistencia de la autodenominada más representativa revista de arquitectura del Perú. Sobre todo para estar a la par de los vecinos. Siempre nos ganan. 


Por Israel Romero Alamo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente. Una crítica necesaria y bastante pertinente.

Arturo aguirre Salas dijo...

Lo que Cooper debería hacer, si es que está interesado en hacer de su editorial una "editorial", es revisar las de "DOMUS" revista que creo que la "Vaca Sagrada" esa no conoce. Me refiero a las editoriales de antes, esas de la época del tío Burckhardt o el brother Deyan Sudjic (quien lamentablemente estuvo muy poco tiempo). Esas sí que eran editoriales: que magnífica concordancia -dentro de sus polaridades- con los artículos que otros brothers publicaban dentro. O ya pues, si Cooper no se preocupó, cuando joven, en aprender italiano que revise las editoriales de Luis Fernandez-Galiano en Arquitectura Viva -¡o quizá no sabe que la FAU - PUCP tiene toda la colección?. ARTURO AGUIRRE SALAS