2 de diciembre de 2015

Daños colaterales del ‘jugar’

Por Israel Romero Alamo
Exposición 'Básico / Repensando el espacio desde el juego' Facultad de Arquitectura de la UCAL
CC Ricardo Palma (26 de Noviembre - 06 de Diciembre) Fuente: Facebook UCAL

Vender un nuevo producto. Darse a conocer. Esa es la prioridad que tiene hoy la naciente facultad de arquitectura de la UCAL. Para conseguirlo, bajo la dirección de Manuel de Rivero, se ejecutan una serie de eventos que van desde los conversatorios hasta las exposiciones.

En este mediático ejercicio de introducirse en el ruedo y en la mente de sus potenciales clientes –y de los arquitectos– es que se desarrolla la exposición Básico / Repensando el espacio desde el juego, en el Centro Cultural Ricardo Palma (Miraflores, Lima), curada por Luis Longhi y con la participación de 16 estudios de arquitectura (donde figuran varios profesores de dicha facultad) que experimentan haciendo composiciones con legos.

Cabe advertir que es una exposición menor. No tiene mayor pretensión que concretar los intereses propios de la facultad en mención: entre ellos el lógico y natural afán comercial. Sin embargo, es un buen síntoma que expone varias cosas más que juguetes apilados.

El motivo del marketing –como es natural– no se expresa. Se obvia, y por el contrario, a toda la puesta en escena se le impone una justificación extraña. Por un lado se hace referencia a la actividad lúdica de los arquitectos, y a esta se le suma la temática del bicentenario de la independencia del Perú (que nace en un evento previo). Hechos que en teoría podrían haber ocasionado un producto con cierto grado de éxito.

Mas no fue así. En Básico se evidencia con nitidez el lamentable pero arraigado estado de la concepción de la arquitectura y también de la enseñanza de la misma convertida en producto comercializable.

En primer lugar, porque el eslogan “repensando el espacio desde el juego” se convierte en un pretexto para vender la imagen de la universidad como productora de gente creativa. Luego se opta por la fácil ecuación buena arquitectura igual espacio. Se toma la palabra emblema de la arquitectura como un artefacto que supone una profundidad que no existe en los ejercicios expuestos. El ‘espacio’ no está presente por ningún rincón de la exposición, ni como intención, ni como discurso, ni como materia.

No es el único vacío. Temáticamente la muestra es desordenada, confusa. Está guiada por el azar de lo que cada oficina cree conveniente. Algunas toman el tema del bicentenario desde la reflexión (Nómena). Otras, como proyectos urbano/arquitectónicos (Llona Zamora). Otras por el contrario se dedican a explicar cómo proyectan arquitectura en sus oficinas (FabLab Lima). Otras confunden Perú con Lima –como si el Bicentenario fuese de Lima– (51-1).

Es en definitiva una mezcla ausente de coordinación, donde lo único que queda por hacer (o ver) son legos armados, algunos más curiosos que otros: el juego por el juego para admirar la creatividad con la que un grupo de arquitectos dicen divertirse. Este hecho –con voluntaria intención– pasa a primer plano dejando en el completo olvido el discurso que yace detrás de cada composición.

Si alguien presta atención a los porqués de cada objeto, podrá encontrar las mismas insuficiencias y esquizofrenias de la arquitectura de ladrillo y concreto. Los discursos varían desde los literales con un grado alarmante de inocencia (Dessin Technisch o David Mutal), hasta los encriptados con pretensión de arte posmoderno (Llama Urban Design o Masunostudio), aunque también hay los que tienen una idea ligeramente más consistente y con algo más de búsqueda (FD o 51-1).

En resumen, toda la justificación, el centro del asunto, es anecdótico por el disparo a diestra y siniestra de objetivos poco claros. Quedan sólo los juguetes al mismo nivel de los desarrollados por estudiantes de colegio que se muestran a un extremo de la exposición. Divertidos, de repente. Creativos, a veces. Pero más no. Y ese es uno de los perjuicios de esta exposición. Reduce la arquitectura al juego, colocando como iguales a un ‘arquitecto que juega' y al ‘que cree hará arquitectura, jugando'. Dando a entender que en eso consiste y consistirá la arquitectura: en jugar y divertirse.

El mensaje es que el trabajo del arquitecto está centrado en el juego de formas, y en el caso exclusivo de esta exposición, con justificaciones de todo tipo, hasta las vagas y absurdas. (Situación que no dista para nada de la realidad). Ese es el oscuro mecanismo que deliberadamente utiliza UCAL para captar estudiantes. Busca introducirse en la poco consistente idea que tienen varios adolescentes que quieren estudiar arquitectura: que únicamente por tener una atracción pseudo-celestial con el dibujo o porque les gusta armar cosas deben estudiar arquitectura. Con un alto nivel de escasez de agudeza y tino, esta exposición eleva ese rostro irresponsable del juego, que lo único que viene haciendo es aumentar el número de estudiantes que en la universidad quieren pasarla bien, 'jugar' y ‘divertirse’. Más si eso en el futuro será rentable ("no como sucede con el arte-arte"). Y para eso, arquitectura es la carrera perfecta.

El pensar que en la arquitectura ‘se juega’ –develando su situación de arte frustrado– es el motivo de los traumas de los estudiantes y de los propios arquitectos, además de la causa de tantas aberraciones construidas, desde orregos hasta calatravas. Y la nueva facultad de arquitectura de la UCAL celebra este hecho. No de forma explícita, claro. Los creadores de la muestra saben bien que eso es ‘negativo’ y probablemente no practiquen en la vida real lo que sus futuros clientes están entendiendo al visitar la exposición.

Estos arquitectos sólo son cómplices. Instrumentos que –sin querer, quizás– avalan la deformación de la (enseñanza de la) arquitectura en un contexto como el local, que lo que menos necesita son arquitectos juguetones.

Y todo por vender un nuevo producto.

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