16 de mayo de 2016

La Biblioteca y el Aulario: la falsa innovación


Por José Acaro


Estas dos construcciones en el campus de la Pontificia Universidad Católica del Perú, desde su proyección hasta su ejecución, han sido bastante respetadas, adornadas con críticas amables, y altamente difundidas por la comunidad arquitectónica. Tienen la intención de volverse paradigmas que reflejen una supuesta renovación que parece haber comenzado hace algunos años en la arquitectura local.

Reconocer y explicar lo que sucede en el ámbito local es algo que no buscaré resolver, pero probablemente pueda adelantar lo que considero se debe hablar sobre la obra de los arquitectos Patricia Llosa y Rodolfo Cortegana (Llosa-Cortegana), autores de estas edificaciones.

Antes de poder hablar de estos proyectos me interesa precisar que las observaciones que tengo acerca de éstas se sujetan a una posición que busca ir más allá de mirar a los proyectos y a sus estrategias respectivas, con el objeto de esclarecer el punto de vista que los hizo realidad. Un punto de vista cuyo resultado se obtendrá por lo que se puede interpretar al revisar el conjunto de las obras de los autores.

Para comenzar, la posición que Llosa-Cortegana difunde como oficina es bastante reconocible si uno se acostumbra a revisar sus proyectos. Si queremos centrarnos en términos bastante evidentes, sólo basta ver su manera de entender la fachada para reconocer cierta voluntad de ser claros en esta transición del esquema general en planta a la lectura exterior. Es altamente probable encontrar áreas importantes recubiertas con un tipo de carpintería vertical. Es casi un sello autoimpuesto. Esto refleja una voluntad de la oficina de sacar de la mesa algunos problemas, evadirlos para ganar algo.

Por ejemplo, una estrategia que obtienen es la manipulación de los ángulos en planta con el objeto de maximizar efectos. Su fuerte deseo de construir un espacio diverso tiene que ver con esta decisión. Esta lógica nos dice algo sobre Llosa-Cortegana; nos habla sobre su nivel de interpretación. Al decidir quebrar una planta lineal en ángulos diversos y entender su interior-exterior como una respuesta reductiva, se evaden los significados de la diversidad suprimida con la idea de compactar problemas para tener tiempo de hablar de espacio.

Esta lógica no tiene relación con el tipo de proyecto que se encargue, es decir, abordan la función y la resuelven, pero siempre como un momento incomodo que debe ser superado para poder entrar a la etapa en la que se pueden hacer más juegos formales: alas funcionales subordinadas al momento importante.

La intención de extraer este molesto lastre de significados diversos no es algo accidental; después de todo es muy común en oficinas con esta escuela neo-moderna heredar este deseo por una higiene platónica (1), cuyo objetivo es la ambición formal. El problema de este ejercicio académico y de aprendizaje universitario se concreta cuando se cambia la escala, cuando ya no se habla de una casa y estamos ante una biblioteca o un aulario.

Estos tipos de proyectos tienen fuertes relaciones con sus propios valores, su propia lógica. Ahí mucho de lo que puede ser virtuoso nace de entender cuidadosamente qué es cada cual. El truco de anular qué es cada cosa y sólo volverlos paquetes funcionales puede volverse un problema desde varios flancos.


Interior Biblioteca PUCP (Llosa-Cortegana Arquitectos) Fuente: Archdaily

La nueva Biblioteca decide partir de la máxima de separar los lugares funcionales y el flujo vertical. El flujo es el lugar donde Llosa-Cortegana hacen un ejercicio escultórico. Tal parece que es innecesario recordar si una biblioteca es biblioteca cuando todo es espacio. En este caso los arquitectos deciden volver la circulación vertical una transición sumamente oscura (casi parece el periplo que el Museo del Lugar de La Memoria diseñado por Barclay & Crousse debió manifestar), un lugar denso, una opresión casi propia de un holocausto.  Me gustaría que no se entendiera esto como una defensa que indica que este tipo de ambientes tiene que ser de un modo determinado. Lo que me parece grave aquí es que esto refleja el desprecio que Llosa-Cortegana evidencian por lo que puede significar algo más allá de la forma. La máxima de espacio puede terminar construyendo una biblioteca con un clima lúgubre, casi esclavizante.

Esta gran oscuridad con alturas importantes, que parece estar dentro de un museo prehispánico, busca generar algo. Por un lado, Llosa-Cortegana quieren lograr monumentalidad interior, y por otro, poder lograr una superficie exterior con la suficiente cantidad de muro ciego como para poder explicar su (innecesaria) analogía de una huaca moderna.

Esto refleja las consecuencias de mezclar, primero: el desinterés por entender el significado de determinados proyectos y su diversidad, y segundo: revestir todo este desinterés con una piel de un significado falso, una pantomima que busca vender la idea de que aquí hubo una reflexión sobre el significado relacionado con la huaca contigua. El resultado es una mezcla sin cohesión y con mensajes extraños.

El segundo proyecto es mucho más elocuente. Si a alguien le quedaba dudas de que a Llosa-Cortegana no le interesaba revisar las tipologías, debe mirar con atención el Aulario adyacente a la Biblioteca. El Aulario parte de la premisa de deformar un tipo clásico: el pasillo al lado de aulas. Primero se resuelve la función respetando el esquema clásico, el segundo paso es añadir y quitar elementos para hacerlo más “diverso”. El resultado final es un tipo de edificio sin ningún aporte más allá de su maquillaje, creyendo que con eso se logrará difuminar la vulgaridad de su organización.

Exterior del Edificio de Aulas de Ingeniería y Ciencias PUCP (Llosa-Cortegana). Fuente: Archdaily

Esto no sólo es grave como proyecto, el gran peligro del Aulario es vender el discurso que se puede hacer arquitectura de este modo. Los grandes aportes no se basan en el aspecto, sino en la estructura subyacente que hace posible todo, entre estas cosas, lo que se puede ver.

Llosa-Cortegana ha construido una manera de hacer arquitectura que se basa en la vieja retórica moderna de eliminar variables para dominar un discurso de higiene platónica. Este razonamiento, al igual que el de muchos arquitectos locales, funciona de cierta manera… hasta que se debe salir del umbral de una casa de lujo. Cuando no se trata de hablar de espacios, o de dobles alturas, o de tratar de resolver lo funcional para poder comenzar a diseñar, sino dar vueltas sobre otras cuestiones: jerarquía, significado, organización, el sentido de la superficie en un determino tipo de proyecto, reevaluar el tipo arquitectónico, todo lo que hace posible que en realidad un proyecto tenga un sostén novedoso.


Referencias:
(1) Voluntad de la arquitectura moderna por someter cualquier variable dentro de un proyecto a criterios canónicos de la geometría, desterrando los defectos inherentes del hombre y de sus ciudades.

3 comentarios:

Jackeline Gonzales Hilares dijo...

O sea que cumplen con la función pero la forma termina siendo banal y sin ningun aporte? Que referentes se toman para dar ese juicio?

Silvia Olivera dijo...

Muestra Referentes de tu crítica para darle validez a tus comentarios.

Anónimo dijo...

Ñe