10 de enero de 2017

Edificio genérico, infierno grande

Por Israel Romero Alamo


Edificio de la Caja del Santa (Nuevo Chimbote, 2017)

La Plaza Mayor de Nuevo Chimbote tiene una década de existencia, igual cantidad de años que la catedral, su vecina más importante. 

La catedral es un edificio grande para las edificaciones que rodean la plaza: bloques comerciales y residenciales de 2 y 3 pisos en promedio. Es lo que se espera de un edificio de este tipo. Es, pues, como solían ser las catedrales cuando la iglesia católica quería demostrar poder político, económico, social y cultural, allá por la colonia.

La de Nuevo Chimbote tiene planta en forma de cruz latina y fachada con alusiones renacentistas, barrocas y otros detalles de orígenes también europeos. Un collage occidental. Un edificio proyectado y construido a inicios del siglo XXI pero con la intención de darle al distrito (de veintitrés años de vida oficial) la forzosa connotación de “ciudad” con “historia”, como la que tienen ciudades del Perú que datan del siglo XVI o de inicios de la República.

El frente de la avenida Argentina, donde se ubica la catedral, el frente de edificios institucionales de cierta importancia (como el edificio municipal y el Banco de la Nación), acaba de inaugurar a su último inquilino: el edificio de la Caja del Santa, ganador del concurso arquitectónico desarrollado en el 2006 y terminado de construir a fines del 2016.

La privilegiada ubicación del edificio (un lote trapezoidal de poco menos de 500 m2 en la esquina entre Country y Argentina) asumía una solución que potencie sustancialmente la relación entre los edificios colindantes, teniendo en cuenta, además, la idea de ‘centro de ciudad’ que se pretendía.

Sin embargo, dos motivos terminan mostrando lo contrario.

En primer lugar, el carácter carente de solemnidad del edificio. La Caja tiene tres pisos y está compuesta por volúmenes transparentes y estructuras de concreto que intentan entrelazarse aterrazándose, como en un ejercicio experimental en el que la forma del objeto es el primer reto a cumplir. Un planteamiento autista que no tiene en cuenta la situación del edificio y la valía de la misma.

Un edificio institucional de este tipo y en este lugar, en teoría, debería intentar ser uno con algún indicio propositivo menos coyuntural, más histórico y con proyección, capaz de entender el potencial simbólico que éste en el futuro podría tener: algo que ‘perdure en el tiempo’ a partir de una búsqueda consciente del lugar y la época, lejana a eventualismos estilísticos.

Los eventualismos estilísticos que exhibe el edificio en cuestión carecen de aporte urbano alguno. Formando parte del “centro” del distrito, en vez de apaciguar el vedetismo, exageración y hedonismo de la catedral, el edificio de la Caja se aísla en una apariencia residencial (y comercial) bastante reincidente en la arquitectura de la costa norte del Perú, mal entendida en el inconsciente proyectual como solución práctica para todo tipo de situación. Esta arquitectura, de formas que juguetean para intentar creatividad proyectual, valgan verdades, es fácilmente replicable en un pasaje repleto de casas de estrecho frente o entre las discotecas y los bares del Malecón de Chimbote; y no por eso representarían, tampoco, algún tipo de aporte urbano o arquitectónico.

Aunque parecer casa o ser un potencial local lucrativo alquilable y multiusos no son delitos, el edificio de la Caja, lejos de aportar a una lectura congruente de su entorno y de servir de nexo entre la catedral preexistente y las previsibles construcciones comerciales que en el futuro (como sucede ahora) se plantearían alrededor, se satisface en una demostración poco seria, aislada y puramente visual de volúmenes y materiales ‘novedosos’.

Esto tiene su origen en la búsqueda a veces caprichosa de “modernidad”, que algunos creen se consigue amontonando formas de manera supuestamente lúdica y forrándolas en vidrio a partir de ideas preconcebidas que se crean desde las aulas universitarias para cualquier tipología y cualquier contexto. Todo esto, amparado bajo la sombra de la poco feliz y lasciva frase lecorbusiana en la que la arquitectura es “el juego sabio de volúmenes bajo la luz”; un a priori que gangrena la relación entre el objeto y lo que le rodea.

Ese daño no viene solo. Viene también heredado de la tergiversación adoctrinadora del concepto y la metáfora, cuyo epicentro, aquí, es el legado limeño de la escuela de Juvenal Baracco, sumado a varias revistas extranjeras de moda de fines del siglo pasado. Esta mezcla, a través de su escala formativa en Trujillo, le pasa factura a la arquitectura chimbotana desde ya varios años, siendo hoy parte del hilarante y universal lenguaje de pollerías y casas de ciudad que creen estar frente a la playa.

El segundo problema del edificio recae en su ceguera contextual/funcional. Al no existir parámetros urbanos claros para esta zona, los proyectista del sitio se entregan a su hasta ahora poco acertado libre albedrío.

En un ademán contextualista, la Caja replica de manera imperceptible las graderías del zócalo de la catedral, pero a continuación se sitúa al límite de la vía pública dando la espalda abruptamente a su vecino (el también nuevo Banco de la Nación) y a la catedral (y su retiro frontal) y con ello desprecia la fluidez peatonal y funcional de los usuarios de los otros edificios.

Visualmente, desde la Plaza, el banco y la catedral, la Caja es una barrera diagonal que, anclada en la disposición complicada de su lote, mira con altivez hacia otro lado. Si a esto se le incluye el grotesco muro colindante del edificio del Poder Judicial vecino trasero de la Caja— y el edificio de la Municipalidad ubicado en la esquina contraria, que más parece un multifamiliar pintado con los “colores del distrito”, se obtiene una zona repleta de edificios sincronizados bajo una total improvisación y esquizofrenia proyectual, incapaces de pensar la ciudad de manera integral o de conformar un conjunto amigable para obtener un centro urbano que a futuro pueda ser siquiera mínimamente valorable.

El distrito que en algún momento fue un manifiesto vanguardista de planificación urbana y que, por ello mismo, nunca tuvo Plaza sino Centro Cívico—, debido a una irrefrenable ansiedad por querer ser una “ciudad normal”, se va armando de manera forzada, por retazos y sin una visión íntegra que pueda tener en algún futuro algo que mostrar más allá de trivialidades como la de “la plaza más grande del Perú” o expresión de la ciudad que la acoge la de una catedral que quiere aparentar lo que nunca pudo ser: algo de otros tiempos y de otros lugares. 

El edificio de la Caja del Santa, como otros, es expresión de lo que es hoy Nuevo Chimbote. Un distrito en el que su arquitectura y su planificación divagan, y en el que sus proyectistas no se detienen a pensar más allá del lote de turno. 


Catedral de Nuevo Chimbote - Banco de la Nación - Caja del Santa (Nuevo Chimbote, 2017)

Avenida Argentina - Plaza Mayor de Nuevo Chimbote (2017)

4 comentarios:

Hans Jefferson Romero Esquivel dijo...

A lo que llego a entender es que por paradigma la mayoría a de críticos solo se encierran en la absurda idea que por ser una plaza hay que darle un estilo anticuado viviendo de estilos que ya dejaron de existir hace mucho tiempo .. Vivimos del pasado y por eso nadie se atreve a diseñar alguna edificación aportando un nuevo lenguaje.. Los antiguos arquitectos también rompieron esquemas al diseñar algún edificio apegados a algún estilo de aquellos tiempos y tuvieron que recibir críticas de aquellos que quisieron quedarse en el pasado.. Pues es entendible les cuesta aceptar imponer otro tipo de arquitectura.. Y así pasara de generación en generación y por palabreo que exista.. Solo será reflejo de aquellos que les cueste aceptar una nueva arquitectura.. Aunque este tipo de estilo tampoco quiere decir que sea algo innovador, pero lo que si entiendo, es que es un indicio de que ya es momento de cambiar la arquitectura de formas repetitivas y anticuadas en nuestra ciudad..lo cual significa que tenga que desaparecer aquellos estilos antiguos pues por ejemplo Nuevo Chimbote es una ciudad joven y moderna que no tiene relación con la antigüedad.. En todo caso la crítica fuera razonable si en este caso fuese Lima..por ser una ciudad historica. Ya imagino cuantos críticos lloveran cuando se encuentre algún nuevo proyecto rompiendo paradigmas de la arquitectura en esta ciudad.

Gianfranco Botteri dijo...

Creo que más indignación que el edificio, me da el comentario de Hans. ¿Por dónde empezar a criticar tu crítica de la crítica? Definitivamente te faltan conocimientos en el tema. Entendiste que los críticos estarían esperando un edificio... anticuado (¿?). Con eso nos das a entender que no conoces nada sobre "contexto". Te faltan varias horas en la biblioteca o por lo menos en google para buscar ejemplos de edificios modernos bien relacionados con el contexto. El resto de tu comentario gira sólo entorno a eso. Y preocupa tanto un comentario así porque es posible que haya otros similares.

En ninguna parte se trata de "romper esquemas" sólo porque sí. "La arquitectura" se trata de hacer algo apropiado para el lugar. Pero no entiendas "apropiado" estrictamente como similar a lo que hay alrededor. Ahí es donde puedes hacer algo que rompa esquemas sin dejar de ser apropiado. Evidentemente tendrás ocasiones donde no haya consenso, pero ser moderno no es hacer lo que te venga en gana.... porque SE VE MAL Y CAUSA DESORDEN Y LUEGO CUALQUIERA HACE LO QUE QUIERE.

AHHH!

Chapa un libro!

Anónimo dijo...

No tiene ni criterio para elegir un edificio que pretende ser. Ese edificio no es nada, en vez de colocarse el muro de ladrillo se colocó las ventanas, nada mas. ¿qué de interesarse por esto?

Sergio dijo...

Hans Esquivel... 1. generico (mas de lo mismo, de poca importancia, nada novedoso) osea ese edificio del banco es todo lo contrario a algo innovador, es cualquier polleria, lee el articulo. 2. los estilos "anticuados" son la mayor performance de cultura que tenemos y ademas de la mayor fuente de ingresos y de Lima y varias ciudades del mundo antiguas. por tanto lo viejito pertenece a la mas moderna actividad economica. 3. Por regla de estetica no puede ni debe haber estilos tan dispares en una plaza sobre todo cuando su mayor construccion es de estilo clasico (aunque se haya hecho hace diez años) un conjunto urbano de estilos dispares y locos es desorden visual y es un paisaje tipico del tercer mundo.